Primera Experiencia:
Mi experiencia en un campo de trabajo en Bacau (Rumania)
Este verano el Señor me ha hecho un gran regalo , pasar tres semanas con las Misioneras de la Caridad (orden religiosa misionera fundada por Teresa de Calcuta) y con unas 25 niñas (sus edades oscilas entre los 20 y los 40 años, pero todo el mundo las llama “niñas”) que tienen acogidas las monjas. Estas chicas fueron abandonadas en hospitales y orfanatos y recogidas por esta Orden. Tiene muchos problemas físicos y psíquicos. Con ellas se hace una terapia para mejorar su psicomotricidad. Durante todo el año las niñas hacen la terapia con las monjas y cuidadoras y durante los meses de julio y agosto grupos de voluntarios ayudan en esta tarea. Son campos de trabajo organizados por “Acción Católica” durante varios años. Y aquí es donde he estado yo, en uno de estos grupos de voluntarios, no sólo haciendo terapia con las chicas, sino “viviendo”, todo lo que he podido, la espiritualidad de Madre Teresa, compartiendo trabajo y oración con las Misioneras de la Caridad, hablando todo lo que ha sido posible con ellas, ya que, en mi caso , esto era lo que más me movió a ir.
El lugar donde hemos estado (en nuestro grupo éramos cinco voluntarias y una terapeuta, quien nos iba marcando el trabajo con las niñas) es Bacau, una pequeña ciudad industrial al NE de Rumania.
Nuestro día empezaba muy temprano, a las 5.30h: Misa con las hermanas, desayuno y “al trabajo”. A las 12.00h, aproximadamente, comida y tiempo de descanso, que yo solía aprovechar para hacer oración personal en la Capilla y también para “echar una mano” si hacia falta, donde las monjas me dijesen. A las 15.00h rezo del rosario con las niñas y una vez a la semana oración ante el Santísimo, también con ellas. Después merienda y de nuevo terapia y juegos; cena de las niñas, donde si hacía falta también echábamos una mano (dar la comida a alguna de estas niñas fue muy especial para mí), vuelta a casa aprovechando para dar un paseo por la ciudad, comprar comida, charlar sobre como había ido el día, cena (a veces la hacíamos fuera, para relajarnos un rato), ducha, oración y a la cama. Durante el día en la casa de las monjas, acudíamos con ellas a las oraciones, compaginando trabajo y oración.
Si el esfuerzo “físico” de la terapia diaria era intenso, no han sido menos los momentos de oración, tanto con las Hermanas como personal, al principio del día, durante y al final del mismo, con la oración de Completas ya en nuestra casa, que hacíamos alguna de nosotros, en la mesa de la cocina, delante de un pequeño icono que llevamos de Madrid).
Desde el primer momento las Misioneras nos abrieron su Capilla y su corazón, nos facilitaron el unirnos a ellas en sus oraciones a lo largo del día (Misa, adoración, rosario, vísperas, contar experiencias personales y alguna de las monjas su propia vocación,…..). Compartir estos momentos con las Misioneras de la Caridad, verlas trabajar duro y siempre con una sonrisa, “postrarse” delante del Señor en la Capilla, verlas rezar, ….., ha sido para mí una verdadera “ escuela de oración ”.
Reconozco que el trabajo de la terapia y el contacto con las niñas ha sido muy importante, pero la experiencia de oración que he vivido allí no lo podía imaginar.
Si tuviese que resumir “mucho” mi paso por Bacau diría que ha sido para mi “ una gran experiencia de Dios ” , que al regresar a casa sólo podía decir que “tenía mi corazón lleno del AMOR de DIOS” (“my heart is full of LOVE”, como les dije a las hermanas en la despedida).
Y cada día desde que volví, sigo diciendo al Señor “¡GRACIAS, SEÑOR, POR TU REGALO!”.
Un abrazo. |